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Informe de enviada a Islas Malvinas Srta.Silvina Oranges, periodista de la Agencia de Noticias “Télam”
Malvinas, un viaje para empezar a cerrar cicatrices
Visitar la tumba de un ser querido y rendir homenaje a los muertos debería ser considerado un hecho normal. Sin embargo, para los familiares de los caídos en la guerra de Malvinas se convirtió en un largo camino, lleno de idas y vueltas, que recién pudo concretarse 27 años después de la guerra. Una deuda histórica que empezó a saldarse este fin de semana.
Unos 400 familiares de los 649 muertos en el conflicto bélico con Gran Bretaña tendrán oportunidad en estos días de llorar sobre la tierra por la que sus seres queridos dieron la vida. Un primer contingente de 170 estuvo en el cementerio de Darwin el sábado pasado, otro grupo de 205 lo hará el próximo fin de semana. Los familiares llegarán con el objetivo de inaugurar formalmente un cenotafio ubicado en Darwin desde el año 2005, pero que nunca había tenido la posibilidad de ser visitado por los deudos de los muertos de la guerra.
- Islas Malvinas
Divisar desde el aire el contorno de las islas, tantas veces dibujadas en el colegio, es conmovedor. Todas las caras se pegan a las ventanillas del avión LAN Chile que mensualmente hace escala en Río Gallegos y comienzan a dispararse las cámaras de fotos para retratar ese paisaje que hipnotiza. Apenas se pisa el suelo malvinense es imposible que el corazón no se estremezca. Aplausos y un largo silencio siguen al aterrizaje.
En las islas, los recibe el vicegobernador Paul Martínez y el comandante de la base militar de Mount Pleasant-Bahía Agradable, Gordon Moluds, quienes también piden participar de la ceremonia religiosa que se realiza en Darwin. Una veintena de isleños se ocupan del operativo logístico armado alrededor del cementerio para la atención de los familiares. Baños químicos, tres carpas, un servicio de cafetería y almuerzo son dispuestos y organizados por los kelpers, que hacen esfuerzos denodados por comunicarse en español con los argentinos. Se ven plenos signos de cooperación. Las 7 horas en las islas estuvieron signadas por la amabilidad, cordialidad, cortesía de los isleños. No hubo provocaciones de ninguno de los dos lados. Sensaciones mezcladas con el dolor, las lágrimas y el recuerdo, pero lejos, muy lejos de algún tipo de hostilidad. Lejos de los aires de la guerra, lo que habla también de la distancia entre los gobiernos y sus gobernados. Mientras Paul Martínez le decía a la comitiva de prensa que viajó a las islas que la relación con el gobierno argentino está en su “momento más difícil y duro”, isleños y familiares confraternizaban.
Toda la ceremonia se desarrolló en medio de fuertes ráfagas de viento y una temperatura bajo cero que helaba las manos. Imposible no retrotraerse 27 años atrás y pensar las condiciones infrahumanas que debieron soportar los soldados, con zapatillas Flecha y equipos que distaban mucho de estar preparados para las bajas temperaturas y la guerra.
Apenas llegaron al cementerio, los familiares se apuraban en encontrar el nombre del muerto al que habían ido a honrar. Muy pocos tenían el raro privilegio de poder descargar su angustia en una tumba con nombre. La mayoría eran familiares de los que murieron en el hundimiento del crucero General Belgrano, cuyos cuerpos descansan en el mar. Éstos, sólo pudieron acariciar el nombre grabado en las placas de granito que forman parte del monumento. Otros eligieron apadrinar una cruz, con la inscripción “Soldado argentino sólo conocido por Dios”.
Apenas concluida la guerra, los británicos se ofrecieron a trasladar hasta el continente a los muertos argentinos y llamaron a la propuesta “operativo de repatriación de los restos de los soldados argentinos”. Los familiares de los caídos se opusieron: “No se puede repatriar lo que ya está en la Patria”, dijeron tenazmente.
El cura argentino Sebastián Combin –que presidió la misa en Darwin, junto al sacerdote católico de la islas, a quien durante la guerra le tocó enterrar a muchos argentinos- dijo al regresar al continente: “Las heridas de Malvinas empezaron a cicatrizar y ése es el inicio del cambio”.
Sin dudas que las heridas que dejó Malvinas –así como las que dejó la dictadura militar que decidió ir a la guerra- todavía no están cerradas en la sociedad argentina. Y para lograr una verdadera reconciliación y unidad como pueblo, primero tenemos que curar esas heridas. Este viaje va en ese camino.
Islas Malvinas Vista Aérea